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domingo, 31 de mayo de 2009

Soledades
para Anita

Con tu cuerpo entre los brazos acabó el invierno
Árboles tan nítidos sobre la niebla. solenciosos como un rastro de la infancia.
con tu cuerpo entre los brazos supe claramenmte que no exísten los atajos, que la huida
conduce hacia el lugar definitivo.

No hay prisa en poseernos;
había hojas aquí, en otra estación.

Y el deseo viene como avíso de desalojo, de claridad, de aire puro al fin para estos
huesos hartos.

-Quiero morir- me dijiste.
Surcos, emociones muertas, delatan nuestro modo de pasar por la tierra. Ya lo vez,
impostergable. Pasar...
y te hablo para que veas que he logrado hacerme el daño que merezco,
que creo merecer... es igual, igual... mi ángel se ha dormido.

Estoy tan sucio, tan ávido de reparar lo que me debo. Moroso.
tu mano junto a mi piel, tan cerca de mí, no del que finjo ser.
Hoy soy un demonio que pospone la batalla para sonreirte.
caminemos de la mano. Ni tú ni yo. Nadie nos conduce.
Ten... prueba de esta fruto y desciende conmigo al reino de las sombras sin mirada. Te
daré poder sobre los perros, el silencio, las distancias.

Cubriremos de desnudez nuestras palabras.
Ten... cae conmigo. Nadie notará a dos infelices que sucumben junto a aquella cruz.
Pertenecemos a un país sin tierra.
Hoy me dijiste que estás sola.
Ven, cae conmigo.
abandónate en los brazos de este este árbol mientras haya niebla.

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